
El año 2025 marca 1,200 años desde la fundación de México-Tenochtitlán en el Valle de México. El 13 de marzo de 1325, una pequeña isla en el lago de Texcoco se convirtió en el hogar de lo que se convertiría en el gran Imperio Mexica-Azteca.
La fundación se basó en una visión que describía el lugar designado como un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Esta imagen es la parte central que domina la imagen de la bandera mexicana.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo proclamó el año 2025 como el Año de la Mujer Indígena. Esta decisión ha puesto de relieve el papel que desempeñó La Malinche en la conquista española del Imperio.
La Malinche, también conocida como Malinalli, Malintzin y Doña Marina, nació en el seno de la nobleza náhuatl de la península de Yucatán en 1500, durante una época en la que los imperios azteca y maya se disputaban el control de la zona. Evidentemente, su familia se encontraba en el bando perdedor de una lucha política, y a los 8 años, Malinalli fue vendida como esclava.
Fue en la ciudad peninsular de Pontonchán donde, en 1519, fue entregada junta con otras mujeres a Hernán Cortés y sus hombres, quienes se dirigían a Veracruz, donde iniciarían la conquista del Imperio azteca.
Gracias a su noble cuna y educación, Malinalli dominaba el maya, el náhuatl y el náhuatl alto, y pronto aprendió español bajo la tutela de uno de los sacerdotes españoles. Se volvió muy útil para Cortés como intérprete, especialmente por su habilidad para hablar el náhuatl alto, la lengua de la nobleza azteca.
Como intérprete principal, Malinalli tuvo el poder de influir en el curso de la historia española en América. Al no usar este poder para beneficiar a los adversarios de Cortés, fue juzgada como traidora a su pueblo.
Se convirtió en “La Malinche”, un término peyorativo que Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad (1950), cita como la madre de un mexicano desarraigado con un pasado e identidad confusos. También fue tildada de “La Llorona”, la madre que llora y busca en el viento a los hijos que perdió por culpa del destino.
Sin embargo, se han alzado voces femeninas para defender la lucha de Malintzin por superar su condición de esclava en medio de un momento histórico como la Conquista. Entre ellas se encuentra la de la novelista mexicana Laura Esquivel, conocida por “Agua con Chocolate” (1989), quien en su novela “Malinche” (2006) humaniza al personaje y la presenta como víctima de las circunstancias.
En su defensa también acude la autora Verónica Chapa y su novela Malinalli (2025). Es importante destacar que Chapa es una mexicoamericana de Chicago. Ella ve a Malinalli como un personaje complejo que la historia ha malinterpretado en cierta medida. Instruida por su abuela sobre la promesa de Quetzalcóatl Topiltzin de regresar en su cumpleaños, Malinalli creía que Hernán Cortés era ese dios que regresaba y se esforzó por ayudar a Cortés (Quetzalcóatl) a recuperar su trono como dios del pueblo náhuatl.
Con el tiempo, Malinalli comienza a comprender que Cortés es demasiado humano y está demasiado dispuesto a sacrificar a sus seres queridos en su afán por obtener las riquezas y el poder que ofrece el Imperio. Finalmente, logra su libertad, se casa con un noble español y tiene hijos mestizos.
El problema de la identidad, debido a la conquista y la dualidad cultural, ha atormentado no solo a los mexicanos, sino también a los chicanos en Estados Unidos. Al igual que Octavio Paz, la recapitulación de la historia que hacen Esquivel y Chapa a este respecto busca las mismas respuestas.
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