
Parece que Irán ha seguido una vez más su propio camino hacia la firma de un memorando de entendimiento (MOU) con Estados Unidos para poner fin provisionalmente al conflicto. El presidente Trump anunció a bombo y platillo que la ceremonia de firma tendría lugar el domingo 14 de junio, pero Irán tenía otros planes.
Entre los detalles del memorando que están trascendiendo figuran la apertura del estrecho de Ormuz y la retirada de la fuerza expedicionaria estadounidense. Sin embargo, Irán ya afirma que se reserva el derecho de gestionar el tráfico en el estrecho, y todos sabemos lo que eso significa.
En este punto, todo apunta a que volveremos a la situación anterior a que el presidente Donald Trump decidiera ir a la guerra para lograr otros objetivos. Al mismo tiempo, estamos muy lejos de encontrar justificación alguna para los 14 miembros de las fuerzas armadas fallecidos, los cientos de heridos, el gasto militar de al menos 29 billones de dólares y las consecuencias económicas mundiales a largo plazo, que se prevé superarán el billón de dólares.
Asimismo, el memorando involucra tanto a Israel como al Líbano. El Líbano es una de las principales razones por las que los israelíes se aliaron con Estados Unidos para atacar a Irán. Esta parte del acuerdo corre ya un serio peligro, ya que los intereses de Israel difieren considerablemente de los de Estados Unidos, lo que lo convierte en un colaborador poco fiable. Además, se dice que Trump y Netanyahu no se llevan bien últimamente.
Los próximos 60 días serán cruciales, dado que la razón principal de Trump para ir a la guerra fue la “aniquilación” de la capacidad nuclear de Irán. Las preocupaciones de Irán giran en torno a las sanciones, los activos congelados y las indemnizaciones. Ninguna de estas cuestiones se ha resuelto y todas siguen sobre la mesa. Es el momento de que entre en juego El Arte de negociar.
Hace más de seis años, el 3 de enero de 2020, Trump escribió un tuit afirmando que “Irán nunca ganó una guerra, pero nunca perdió una negociación.” Parece que sus palabras de 2020 se están cumpliendo en 2026, pues la desesperación de Trump por salir del embrollo que él mismo creó al decidir ir a la guerra se hace evidente en la aparente aceptación, por parte de su administración, de las condiciones impuestas por Irán.
De las palabras del presidente Trump se desprende claramente que su administración ha aceptado la idea de que Irán podría obtener 300 billones de dólares en concepto de reparaciones, más 24 billones en activos congelados, además de casi cualquier otra cosa que desee. Resulta aún más llamativo que esta claudicación dejará a Estados Unidos en una posición mucho peor que la que tenía antes de la guerra.
También se están sondeando posturas sobre la posibilidad de que Irán enriquezca uranio, siempre y cuando sea con fines pacíficos. Resulta revelador pensar que esto es solo el comienzo de un periodo de negociación de 60 días y ya parece que hemos perdido.
Cuando el presidente Barack Obama negoció el acuerdo que Trump posteriormente desechó, dicho pacto condujo a la retirada del 97 por ciento del uranio enriquecido de Irán, destinándose el 3 por ciento restante a la producción de energía con fines pacíficos. Se establecieron mecanismos para que observadores internacionales inspeccionaran e informaran sobre el uso que Irán daría al material nuclear remanente.
El acuerdo incluía el descongelamiento y la devolución de 1.7 billones de dólares en activos iraníes. Recuerdo las airadas quejas de Donald Trump porque 400 millones de esa cifra se entregaron en efectivo.
Ahora, comparemos eso con los 324 billones de dólares que potencialmente se otorgarían a Irán, sumados a los 29billones que costó la guerra y al impacto de un trillón de dólares en la economía mundial. Qué acuerdo tan nefasto.
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