La gran huella de Ron Montoya

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David Conde, Consultor Senior de Programas Internacionales

He asistido a dos eventos para conmemorar a Ron Montoya y escuchar los aspectos más destacados de sus logros, relatados por sus amigos y colegas. Su huella está presente tanto en el sector público como en el privado, y su apasionada defensa de la comunidad ha quedado plasmada en numerosas organizaciones que lideró como fundador, dirigente y benefactor.

Había un sentido de inquietud en su manera de abordar la solución de problemas y la mejora de las cosas; tal vez porque hay mucho por hacer, poco tiempo y pocas personas preparadas y dispuestas a sacrificar sus vidas por los valores superiores de una comunidad en evolución. Su participación en numerosas iniciativas dejó una huella distintiva, un ejemplo de lo que se puede lograr cuando asumimos la tarea de retribuir a la familia que amamos, al lugar que contribuyó a forjar nuestra identidad y a un país maravilloso que sigue ofreciendo oportunidades y desafíos a quienes buscan hacerlo más perfecto.

Montoya ingresó en el Ejército de los Estados Unidos el mismo año en que yo entré en la Fuerza Aérea. Eran los años 60, el apogeo de la Guerra Fría.

Fue la época de la crisis de los misiles en Cuba, la crisis de Berlín y el asesinato de un presidente muy querido. También fue el tiempo del fenómeno musical del rock and roll y del surgimiento de la generación conocida como baby boomers.

Además, los años 60 trajeron consigo la toma de conciencia, por parte de la comunidad latina, de que era necesario actuar para cambiar su situación de discriminación. Se había derramado demasiada sangre en guerras sin tener la oportunidad de ver reconocido el valor real de ese sacrificio en una sociedad que no cree plenamente en la igualdad de oportunidades económicas y políticas para prosperar, ni en la igualdad de trato hacia quienes son considerados ciudadanos marginados.

Esa fue la brecha en la que Ron Montoya estaba destinado a intervenir y liderar con la fuerza de su carácter, su fe y su ejemplo. Decidió armarse con la formación académica obtenida en la Universidad de Colorado y la Universidad de Denver, y defender a la comunidad que amaba como un exitoso director ejecutivo de su propia empresa, poniendo su talento y pasión al servicio de personas y organizaciones para mejorar las cosas una y otra vez.

Recuerdo su gran implicación en un sueño que compartíamos: fundar un banco cuya prioridad fuera prestar servicios a los latinos individual y comercialmente. Sabíamos que “las empresas propiedad de latinos constituyen una de las fuerzas económicas de más rápido crecimiento en Estados Unidos, con millones de emprendedores que generan cientos de miles de millones de dólares al año.”

Así, gracias a un gran esfuerzo liderado en parte por Ron Montoya, Solera National Bank nació en 2006. Él ejerció como presidente fundador de su consejo administrativo durante los primeros ocho años.

Al revisar la lista de organizaciones y fundaciones en las que participó como miembro o, en muchos casos, como presidente, esta parece interminable. Su disposición para dedicar tiempo a abordar la multitud de problemas que enfrenta la comunidad es un testimonio ejemplar de lo que significa retribuir a la sociedad.

Una gran persona nos deja para emprender nuevos caminos en otros lugares. Expresamos nuestro profundo afecto y gratitud hacia él y su familia por una labor irrepetible.

Ron Montoya sigue presente entre nosotros como un legado perdurable de esperanza y, sobre todo, como un desafío para continuar la lucha. Le deseamos paz.

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